martes, 3 de febrero de 2009

Un Palmero en Dublín

Después de un largo período sin actividad en este blog, creo que es el momento idoneo y perfecto para retomar la escritura. El motivo? Mi estancia en Dublín (Irlanda).

El Domingo día 1 me dirigí a el Aeropuerto Reina Sofía (el aeropuerto del sur de toda la vida). El vuelo salía a eso de las 11 y tenía que embarcar unas 2 horas antes. Llegué muy bien de tiempo, el clima era agradecido, me ahorré el tener que ir a buscar un carro ya que una señora me ofreció uno, un chico muy guapo me miró y me picó un ojo (sí, un chico),... Las cosas iban marchando y mis ansias por coger el avión aumentaban por cada uno de los chirridos de una de las ruedas de mi carrito porta-maletas.
Eran las 9 y los mostradores de facturación empezaban a funcionar. Me sumé a la cola de gente que había y esperé a que fuera mi turno. Fue aquí cuando pagué mi primera novatada. Yo llevaba dos maletas, una para facturar y la otra para llevar en mano. La suma del peso de ambas no debía pasar de los 25 kilos y las medidas de la maleta que llevaba en cabina no podían ser superiores a 55cm x 40cm x 20 (vaya memoria). Era tanta la penalización económica que recibías si excedías de estas premisas que compré una pesa y utilicé un metro. Mi sorpresa fue que al llegar a la ventanilla de facturación, la maleta que quería llevar en cabina sobrepasaba, sospechosamente, las medidas y que me excedía 7 kilos en el peso total de ambas maletas. Pesé y medí tantas veces las maletas que me resultó extraño todo aquello. Si a este desconcierto le sumamos la presión que, inteligentemente, supo ejercer el de la ventanilla diciendo "pues o la facturas o tienes que dejarla aquí, esa maleta no cabe en cabina", obtenemos lo siguiente:




Desconcierto + Nervios + Presión + Novato = 75€ por facturar la maletita




Después de embarcar y de permanecer 4horas y 30 minutos en un avión, lo único reseñable es la sensación de agobio que experimenté allí sentado. Imagínense los 3 asientos de un avión, el de pasillo, el adyacente y el de ventanilla. En este último estaba yo, a mi lado un señor de considerables dimensiones y a su lado, de dimensiones aún mayores, su querida esposa. Dos razones suficientes para que, si tenía ganas de hacer mis necesidades, pulsara el pertinente botoncito para llamar a la azafata y solicitar una sonda.


La primera vista que tuve de Irlanda fue desde el avión. Un lugar lleno de verdes praderas, edificios de muy corta altura y dispersos por todo aquel paraje. El sol, que luchaba por atravesar aquel mar de nubes, "brillaba" por su ausencia. Daba la sensación de que, en lugar de ser las 3 de la tarde, eran las 7. Dublín no iba a recibirme con los brazos abiertos, eso lo supe nada más bajarme del avión, cuando una ráfaga de gélido viento me impactó de lleno en la cara. Qué pelete!!! (o como dicen por aquí "Fucking Freezing!").


Desde el avión, Dublín me dió la sensación de ser una ciudad muy extensa. Esto se vió reafirmado cuando recorrimos en guagua parte de la ciudad hasta llegar al piso de mi amiga Dácil. La mayoría de los edificios no sobrepasan los 3 pisos de altura, por lo que este estilo de vivienda obliga a construir cada vez más en las afueras.


Otra de las cosas más destacables a mi llegada fue el alto precio del servicio público. La distancia que recorrimos puede ser equiparable a la que realiza la línea 015 en Tenerife pero, el precio, se dispara a casi el triple. En general, el precio de todo aquí es muy elevado. Los cafés que me tomo en la mañana me cuestan 2€, la compra que hice ayer (un par de verdudas, hortalizas, jamón, pan, zumo,...) unos 20€, una cervecita 5€ (aquí las llaman Pint y son de medio litro),... Pero sin duda, lo menos que me esperaba es que me cobraran por las bolsas de plástico del supermercado:




-Ehmm, plastic bags? ...
-Yes, the prize is 1€ for each




Estos primeros días han sido muy excitantes. Usando mis piernas para desplazarme, un mapa para guiarme, un inglés de risa acompañado del kit de "gestos y señales" y 10 kilos de ropa para no morir en el intento de conocer esta ciudad, son las notas predominantes en cada una de mis salidas. Ni la nieve, ni el frio harán que esta experiencia deje de ser enriquecedora.








Para despedirme, les muestro algunas imágenes.



Adiós!!!




















P.D. Creo que con estas nevadas, la lluvia y el frio escribiré algo más en el blog, jajajaja!! Hay que hacer tiempo mientras la meteorología cambia.

martes, 13 de enero de 2009

Son 8 y suenan así...

Phil Cohran, un trompetista de la orquesta Sun Ra Arkestra, tuvo unos 22 hijos, por lo que interpretamos que tanto la trompeta como su "otro" instrumento estaban completamente bien afinados, jajaja! La influencia musical que ejerció sobre sus hijos llevó a 8 de estos a formar un grupo de viento metal. Dicho grupo se llama HYPNOTIC BRASS ENSEMBLE.Si las cuentas no me fallan son: 2 trompetas, 2 trompetas bajas,2 trombones,1 tuba y 1 bateria. Su música, con inspiraciones provenientes del jazz, hip-hop y soul, es cuanto menos original, llamativa y pegadiza. Para mí ha sido un auténtico descubrimiento que espero poder compartir con todos vosotros. Enjoy it!


El comienzo

Quién me iba a decir que a la edad de 25 años (dentro de nada 26) me iba a querer sumergir en este mundo de los blogs. Aunque, si bien es cierto, esto de los "blogs" lo llevo haciendo desde los 8 años, puesto que la interpretación que poseo de un blog es algo así como la extensión de ese pequeño diario que muchos hemos tenido, en el cual recogíamos cada una de nuestras vivencias, desde las más significativas a las más banales...

Dejando de lado la abulta privacidad que todo diario tiene, me he propuesto crear este pequeño rincón donde publicaré todo aquello que transcurra por mi vida... Vida que no deja de ser la de uno más entre millones pero que, seguramente, tiene aspectos enriquecedores que compartir con todos aquellos que estén dispuestos a leer (uy! estoy dando por sentado que voy a tener "público". Espero que al menos mis padres lo lean, jajaja! Aprovecho para saludarlos: hola mamá! hola papá!)

Para terminar con esta primera entrada haré una breve explicación del por qué del título de este blog. "Para estar así, que me lleve El Señor" es una expresión que anda, constantemente, en boca de una persona a la que considero un buen amigo. Su nombre es Jorge. Dicha expresión es utilizada con tanta asiduidad por todos "nosotros" que ha condicionado el nombramiento de un blog. Básicamente la expresión quiere decir:

Imagínense, por ejemplo, la noche de un viernes. Cerveza va, cerveza viene. Los rones y los whiskys llaman a tu puerta. A medida que la noche avanza, el "pedal" que vas pillando es tan grande como el puente de Los Sauces. Una noche de estragos que a la mañana siguiente se caracteriza por una soberana resaca acompañada (si ha habido "suerte" y nos han servido garrafón del güeno) de una incomodidad e indisposición intestinal llamada, comúnmente, diarrea o chorretilla. Es en ese momento, cuando no puedes con tu alma y lo único que haces es dar una pésima imagen, la expresión que nos mereceríamos es la que da título a este blog: Para estar así, que me lleve El Señor..... Amén